Hace dos meses y medio, cuando tomé posesión de la parroquia, el 90% de los fieles comulgaba en la mano. Literal.
Desde el primer día, dije que usaría el comulgatorio (hermoso, de mármol), aún si no pudiesen arrodillarse (incluso es más rápido dar la comunión así). Saqué los ministros extraordinarios también y les expliqué que podrían ayudar con los presos y los enfermos, si lo deseaban. Entendieron (nunca les habían leído los documentos de la Iglesia, por cierto).
Hoy, dos meses y medio después y sin siquiera predicar sobre la comunión en la mano, 90 % ya comulga en la boca. Para terminar la catequesis, ayer prediqué este sermón: al momento de la comunión, el 99% de ellos comulgó en la boca.
La gente, cuando no está ideologizada y se le explica con humildad, entiende.
Sermón para el domingo 20 de Septiembre de 2026
La comunión: ¿en la mano o en la boca?
El domingo pasado recordábamos en nuestra homilía dominical la necesidad de reforzar nuestro Catecismo sobre la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Hoy, siguiendo con el tema, queríamos culminar con ello hablando sobre la manera de recibir al Señor.
Pocos temas litúrgicos han generado tantas discusiones en las últimas décadas como el modo de recibir la Sagrada Comunión. Para comprenderlo correctamente es necesario apartarse de posiciones ideológicas y mirar qué ocurrió históricamente y qué ha enseñado la Iglesia.
En 1969, el Papa San Pablo VI publicó la instrucción Memoriale Domini. El contexto histórico no era un detalle menor: en diversos países (especialmente de tradición protestante), se había comenzado a introducir la comunión en la mano sin autorización (por entonces estaba prohibida). Al mismo tiempo, se difundían errores acerca de la presencia real de Cristo en la Eucaristía: que era un “símbolo”, que era “una representación”, etc.
Ante esta situación, Roma consultó a los obispos del mundo. La mayoría se manifestó favorable a conservar la disciplina tradicional (es decir, en la boca). Pablo VI reafirmó entonces la comunión en la boca y advirtió que la nueva práctica podía traer consigo una menor reverencia hacia el Santísimo Sacramento, el peligro de profanación y una adulteración de la recta doctrina. Sin embargo, allí donde la práctica de recibir en la mano ya se hubiese arraigado, permitió que las Conferencias Episcopales solicitaran un indulto (un perdón).
La excepción, por tanto, nació como respuesta a una situación ya existente de personas que, en países de tradición protestante, estaban recibiendo la comunión contra lo que mandaban las normas de la Iglesia.
“¿Pero los primeros cristianos no comulgaban en la mano?”
Hay testimonios de que, en los primeros siglos de la Iglesia, los cristianos comulgaban en la mano, pero utilizar este dato aisladamente puede resultar engañoso.
San Basilio (S. IV) menciona expresamente la posibilidad de comulgar con la propia mano durante las persecuciones, cuando no había sacerdote o diácono. San Cirilo de Jerusalén, del mismo siglo, describe que algunos lo recibían formando con sus manos un “trono” para recibir al Rey y teniendo un cuidado extremo para que no se perdiese siquiera una migaja. Y varios Padres de la Iglesia como Tertuliano, San Hipólito, San Efrén y Orígenes testimoniaban ya cierta preocupación acerca de la posibilidad de la profanación de las partículas eucarísticas al comulgar de esa manera.
Por tanto, aun cuando existiera la comunión en la mano, no debe imaginarse simplemente como equivalente a la práctica moderna. Lo verdaderamente característico de aquellos cristianos era la enorme veneración con que trataban la Eucaristía.
Sea como fuere, la antigüedad de una práctica no demuestra por sí misma su superioridad (si usamos como criterio que “los antiguos cristianos lo hacían”, todas las mujeres deberían ir cubiertas a misa, ninguna podría leer la lectura y deberían estar sentadas separadamente de los varones…, por ejemplo). Ya Pío XII advertía en la encíclica Mediator Dei que un uso antiguo, por el mero hecho de ser antiguo, no debe considerarse necesariamente mejor.
Con el correr de los siglos, la conciencia y el respeto por la Eucaristía hizo que la misma disciplina fuera cambiando. Así entonces, ya encontramos disposiciones cada vez más precisas para fines del siglo VI.
¿Por qué se produjo este desarrollo?
El propio Pablo VI da la respuesta: a medida que la Iglesia profundizó en el misterio eucarístico, en la presencia de Cristo y en la reverencia debida al Sacramento, se introdujo la costumbre de que el ministro colocase directamente la Hostia consagrada sobre la lengua del comulgante.
Tres elementos aparecen entonces íntimamente relacionados: una comprensión más profunda del misterio eucarístico, una mayor reverencia hacia el Santísimo Sacramento y una actitud de humildad al recibirlo.
¿Cuál es entonces la mejor manera?
Recibir la Comunión en la mano, donde está legítimamente permitido, no constituye per se un sacrilegio, claro. Tampoco puede juzgarse automáticamente la piedad interior de quien comulga de una manera u otra. Pero esto no significa que ambos modos deban considerarse pastoralmente idénticos.
La instrucción Memoriale Domini de san Pablo VI señala expresamente las ventajas de la disciplina tradicional de recibir la Comunión en la lengua a decir que, con la comunión en la boca: “se asegura más eficazmente que la sagrada Comunión sea distribuida con la reverencia, decoro y dignidad debidos; que se aleje todo peligro de profanación de las especies eucarísticas […] y, finalmente, que se conserve diligentemente el cuidado que la Iglesia siempre ha recomendado respecto de los mismos fragmentos del pan consagrado”.
No se trata, pues, de convertir el modo de comulgar en una bandera ideológica ni de afirmar que quien recibe en la boca sea necesariamente más santo que quien recibe en la mano. Se trata de preguntarnos qué signos externos expresan mejor aquello que verdaderamente creemos.
Si la Hostia consagrada es realmente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, nuestra actitud corporal debería manifestar esa fe. La historia de la Iglesia muestra precisamente un progresivo crecimiento de los signos de adoración, humildad y reverencia ante el misterio eucarístico.
Por eso, más allá de polémicas y sensibilidades personales, quizás la pregunta fundamental sea mucho más sencilla: ¿cómo podemos recibir a Nuestro Señor con la mayor reverencia posible?
Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar. Sea por siempre bendito y alabado.
P. Javier Olivera Ravasi, SE
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GRACIAS CURA
SIEMPRE ES BUENO REDIMENSIONAR EL MOMENTO MARAVILLOSO EN EL CUAL CRISTO EN CUERPO Y ALMA INGRESA A NUESTRO TAN GOLPEADO CUERPO Y ALMA…
En 2011, yo me confirmé. Hacía cuarenta y dos años que no comulgaba. Por lo tanto no sabía tomarla con la mano y de pie. Pedí hacerlo como lo había aprendido y no se me permitió. Debí entonces “tocar” el Cuerpo de Cristo y parado.
Lo felicito por la renovación del espacio y ojalá vuelva a la Argentina.
Buenas y Santas Pater Javier! Bendecido Domingo! Hermosa Actualización! Es un Gran Sacrilegio usar las manos.Solo las manos consagradas pueden.No somos Dignos de Tocar el Cuerpo de Cristo .Muchas Gracias Pater Javier! Lo queremos mucho ❤️🙏🏻👍🏻🇦🇷
Padre, le hago una consulta. En diversas parroquias donde vivo he visto sacerdotes sacerdote entregando el caliz con las hostias consagradas a laicos o laicas para que lo ayuden con la distribución de la comunión durante la Misa. Los laicos no se ponen ningún alba para hacerlo, y no está claro tampoco si son ministros extraordinarios de la Eucaristía. Normalmente no están en el altar durante la celebración, sino que vienen desde los asientos cuando el sacerdote les hace una seña.
Por eso quiero preguntarle si ésto está permitido. Por mi parte, me choca sobremanera y me repugna, motivo por el cual voy a recibir la comunión del sacerdote (de mas está decir que comulgo en la boca).
Mil gracias y que Dios lo bendiga.
Oremos para que nuestro Señor nos de Sacerdotes más santos y de verdad lo amen sobre todas las cosas para no aya más abuso litúrgicos, y lo recibamos que lo que es; Rey de reyes.
Bendito sea Dios, qué hermosa noticia Padre Javier! Usted no hizo más que catequizar a los fieles, ellos identificaron la voz del Buen Pastor, y le siguieron!!!
Dios y nuestra Madre Santísima le protejan!
Buenas noches. Sólo en la pandemia tuve que comulgar en la mano y con slgun sacerdote misionero, sin saber la razón. Nunca me gustó porque me pareció irrespetuoso y porque así fuese en un estercolero, de manos de un contagiado etc… el cuerpo de Cristo bajo las especies del pan jamás podrían enfermar, contagiar o hacer daño a nadie. Apartar la Sagrada Forma si cae al piso igual, me parece falta de fe en la presencia real de Nuestro Señor . Que bueno que está haciendo esa labor Padre Javier. Le sigo ya hace años y he aprendido cosas muy importantes para la vida de nuestra Fe Católica. Dios le guarde. V.C.R. ✝️🇲🇽
En mi parroquia pasa algo diferente.
El cura ha establecido dar la comunión bajo las dos especies cada día. Los fieles comulgan de pie la mayoría (antes todos, hasta que le pedí al padre que me ayudaría mucho poner el reclinatorio, para levantarme del suelo cuando comulgaba de rodillas, desde entonces cada vez más comulgan arrodillados) aunque la mayoría de pie y aún así muchos ponen la mano.
El modo de proceder es que pide a un laico de sostenerle el copón mientras él sostiene el Cáliz y moja la Hostia. Nada de pátena. A mí me da terror porque en alguna ocasión una gota de la Preciosa Sangre casi se cae antes de llegar a mi lengua, y desde entonces pongo mis manos debajo de mi barbilla de un modo muy incómodo y extraño como se puede imaginar , para evitar que no caiga al suelo. (Ya he comulgado en el pasado en dos ocasiones hostias caídas al suelo, en mi turno o en el turno de delante mío, me lanzo a recogerlas con el máximo cuidado del que soy capaz, limpiando luego el lugar donde ha caído y guardando ese pañuelito que luego en mi casa sumerjo en agua durante un tiempo antes de verter el agua en una planta).
Lamentablemente el padre a pesar de mi extraña postura para recibir al Señor no parece tener la intención de poner a alguien sujetando una pátena. ¿Cree que podría comprarme una , hacerla bendecir y llevármela a misa envuelta dignamente y ponérmela yo misma bajo mi barbilla? Sé que el riesgo de que se profane la Sangre del Señor seguirá estando en el resto de fieles que comulgan sin ella, pero quizás así el cura reflexione y finalmente pida a alguien que le sujete la pátena, lo mismo que cuando le pedí el reclinatorio , al principio me hacía ponerlo en el momento de rezar el padre nuestro y quitarlo después de la comunión, pero al poco otro laico empezó a colocarlo en su sitio desde el inicio de la misa, y se quedó así, ya no se mueve de allí, bendito sea Dios. No le digo nada más al cura, porque no me hace caso nunca más bien basta decirle alguna corrección fraterna para que haga lo contrario aún más evidentemente, como la manía de celebrar misa con el gel antimicrobiano sobre el altar , y después de haber consagrado se unta las manos y enérgicamente se frota antes de coger el copón y el cáliz para administrar la comunión . Se ha convertido en parte del ritual de la consagración. Y aunque se lo he comentado en varias ocasiones no hace ni caso, le parece muy bueno hacerlo, así la gente “no tiene miedo” de contagiarse.
Ya no le digo nada. Recen por él por favor, pues ama a la Virgen y le tiene mucha devoción.
Padre: si pusieran reclinatorio y bandeja debajo de la boca seguro que la gran mayoría comulgaba de rodillas y en la boca como a mí me gusta. A cierta edad es complicado arrodillarse en el suelo .
Gracias P Javier. Me imagino la sonrisa de nuestro Señor al ver que sigue existiendo la Fe sobre la Tierra. Doy gracias a Dios por conocer muchos sacerdotes santos. 🙏